Soy una yonki de la televisión, lo reconozco. Me enganché desde la infancia, pese al interés que siempre puso mi madre en limitarme las horas de consumo por miedo a que me produjera más perjuicio que beneficios. Pero tanto esfuerzo no fue suficiente y la caja tonta sigue siendo uno de mis entretenimientos preferidos. La tele es como los perros de razas peligrosas, su nocividad solo depende de la pericia o “competencia” de quienes los manejan.
Que los programas de televisión con mayor audiencia sean el fútbol, las telenovelas, los contenidos de corazón y las películas es algo que nos debe llevar a la reflexión. No es casualidad tampoco que los informativos den escasas noticias buenas, aunque las hay, que los espacios más concurridos por los telespectadores sean los deportes o el tiempo, que todo lo que proyecten las noticias sean tragedias y relatos que adelantan poco menos que el fin del mundo. Durante mucho tiempo se ha mantenido el debate sobre quién es el culpable de que la “Telebasura” sea la nota dominante en todos los canales. Después de muchos años como consumidora televisiva he llegado a la conclusión de que la audiencia manda, España es así, no hay más.
Vemos la tele fundamentalmente para entretenernos, reírnos, agudizar nuestro sentido del cotilleo, buscar el morbo de las desgracias ajenas o marcar blancos en los que descargar las iras de nuestra existencia para olvidar los sinsabores cotidianos. Esto no tiene nada de malo, no debemos sentirnos culpables porque forma parte de la condición humana. El problema aparece cuando no vemos ni comprendemos más realidad que la que nos presenta la televisión, y hacemos de ella nuestra religión y nuestra Biblia. Aunque pueda resultarnos extraño, eso sucede debido a, perdón por generalizar, nuestra falta de cultura y fallido sistema educativo. La televisión no es ni más ni menos que el reflejo de nuestra sociedad, algo parecido a lo que ocurre con los anuncios publicitarios.
Que Belén Esteban, oriunda del barrio madrileño de San Blas, se haya transformado en un fenómeno televisivo tiene pase, pero que los españoles supuestamente la convirtieran en la tercera fuerza política del país si hubiera elecciones (aunque a mucha distancia de PP y PSOE) ya es algo que deberíamos hacernos mirar. Estos datos provienen de una encuesta encargada hace meses por Telecinco, que acaba de renovar por tres años más a la colaboradora de Sálvame[i], según algunas fuentes por cerca de 2 millones de euros al año.
Aunque las conclusiones del sondeo haya que cogerlas con pinzas, probablemente en algo se aproximen a la realidad, pero no por méritos de la Esteban, sino por lo mucho que ha empeorado el panorama político. Veremos qué pasa el 20 de noviembre en las elecciones generales y el análisis necesario de los resultados teniendo en cuenta el acoso de las agencias de calificación a España, las propuestas presentes y ausentes de unos y otros, y la acción difusa del 15 M que aún queda por concretar su futuro más allá de las manifestaciones y las concentraciones callejeras. La política tiene mucho en común con ciertos planteamientos televisivos, esto se hace más que evidente con iniciativas como la que prepara Telecinco para la cadena Cuatro, un Talent Show para descubrir a jóvenes políticos.[ii]
Sigamos hablando de la tele, espejo de este mundo en el que vivimos. Como decíamos antes, nos echamos las manos a la cabeza cuando vemos que una cadena de televisión basa sus contenidos en historias del corazón o la víscera sin apenas contrastar. Se llenan horas y horas catódicas con personas anónimas que cuentan episodios inverosímiles y casi ridículos relacionados aunque sea de refilón con algún famoso. Ya no hay crónica social, pero no importa, la audiencia sigue creciendo. Ya no cuentan apenas los profesionales preparados, solo es necesario enseñar mucha pierna y mucho escote para alcanzar una silla de colaboradora, es la versión moderna de mis queridas “Mamachicho”. Telecinco tiene la asombrosa capacidad de retroalimentarse creando y destruyendo sus propios personajes.
Me gusta la tele, disfruto la tele, consumo muchas horas de tele. Me duele ver en qué se está convirtiendo, pero no debemos olvidar que la audiencia manda.
Excelente tema del blog, pero rizaría más el rizo en cuanto a interrogantes.. ¿Quién es "LA AUDIENCIA"? ¿El total de los ciudadanos o sólo los usuarios diarios de televisión? Porque cabe preguntarse si es que los que no la ven no lo hacen por que no les gusta lo que ven o por otros motivos. Otro interrogante a responder es: ¿Quien mide y cómo se mide esa audiencia que tanto nos marca el camino a seguir?
ResponderEliminarPropongo una película que invita a la reflexión de éste tema que es mucho más determinante y profundo para el pueblo de lo que parece a simple vista!
PELÍCULA: "UN JUEGO DE INTELIGENCIA"
Gracias por tu blog, necesitamos personas con ésta actitud!!!
La audiencia potencial de España supera los 44 millones de espectadores. SOFRES es la empresa encargada de hacer las mediciones (según he leído en www.sugerenciasciudadanas.wordpress.com), pero en nuestro país solo tiene algo más de 4.000 de estos dispositivos. Uno de ellos estuvo en el televisor de mi casa durante cuatro años.
ResponderEliminarBajo mi punto de vista, las cadenas de televisión se basan en los contenidos que tienen mayor tirón entre los ciudadanos porque la audiencia la quieren para tener más publicidad, no desarrollan una labor filantrópica y altruista de informar, formar y entretener. Público=publicidad=más ingresos. Se supone que esos contenidos son los que van directamente a los "instintos" naturales que citaba en la entrada del blog... Esto es como encontrar novio, si además de ser guapo es listo, mejor, pero lo normal es que tengas que elegir. Pues la tele va a buscar el máximo rendimiento con la mínima inversión y el mínimo tiempo. Hacer una tele de calidad que guste es posible, pero es más fácil ir directamente a la parte emocional del individuo, requiere profesionales menos formados y menos tiempo de trabajo y reflexión.
El ser humano, en general, es así, economiza esfuerzos. Esto no solo ocurre en el nivel más alto que puede ocupar la filosofía de una empresa, también sucede de manera individual, en el escalón más pequeño. Todos los que hemos trabajado o estudiado hemos visto cómo hay compañeros que hacen su labor con más celo, cuidado y afán de superación; y otros con menos,todo depende del nivel de exigencia en que se halle cada uno. Pues con las cadenas de televisión ocurre algo similar.
Un abrazo, queridísima Pilar, y muchas gracias por participar en este blog con reflexiones tan interesantes.