Después de unos cuantos días de inactividad blogera, es hora de avanzar un paso más en un post anterior que hoy está de actualidad. La reforma de la Constitución “express”[i] que han llevado a cabo los partidos mayoritarios sin referéndum en plena crisis económica para, supuestamente, acallar a los mercados, hace que el hastío ciudadano vuelva a primera línea informativa. Y no solo este acontecimiento, los fuertes recortes económicos que se están practicando en cuestiones tan importantes como la educación, la sanidad y los servicios sociales, pilares del Estado de Bienestar y origen del crecimiento de una sociedad, agudizan el tedio de la opinión pública española.
Concluía la primera parte de esta reflexión (“¿Por qué estamos hartos?”) con una pregunta: “¿tenemos nosotros la culpa de no ser una sociedad políticamente madura?”. Probablemente sea así, y esa responsabilidad nos la debamos repartir a partes iguales con los políticos.
Esto de que no sepamos distinguir la derecha de la izquierda tiene varias causas. Una de ellas es la intención de los propios partidos de conformar un tótum revolútum con vistas al centro ideológico que les permita captar todos los votos posibles. Es normal que estemos confundidos y ya no sepamos si hay diferencias o no entre PP, PSOE, IU, los regionalistas… aunque bien es cierto que la crisis económica y social está obligando a estas formaciones a que se posicionen claramente.
Pero hay otro tema importante, la falta generalizada de cultura que vive la sociedad por un sistema educativo que ha sufrido casi tantas remodelaciones por Ley Orgánica como Constituciones tuvimos durante siglos (una por cada Gobierno de la nación).
El 15 M verbalizó el descontento de la ciudadanía hacia la clase política, hoy este movimiento anda un poco difuso e inconstante, no se sabe muy bien quién está y hacia dónde va, aunque es de justicia reconocer que sus planteamientos han despertado las conciencias ciudadanas aletargadas por el desánimo. Una vez constatada la realidad de que los encargados de dirigir los designios de la Administración han olvidado en ocasiones que la soberanía reside en el pueblo, el siguiente paso es hacer autocrítica como votantes y entender que, aunque a veces no lo parezca, cada posición política tiene su propia ideología y en el fondo, o en la forma, siempre acaba saliendo en la toma de sus decisiones.
La madurez se caracteriza, entre otros elementos, por la capacidad de razonamiento y el aprendizaje de las experiencias positivas y negativas que nos ofrece la vida, así como de las múltiples personas que nos encontramos a lo largo del camino. Durante mi vida estudiantil, que todavía continúo, he tenido numerosos profesores: en el colegio, en el instituto, en la Universidad… entre todos ellos guardo un cariño especial a los que me enseñaron a ejercitar la herramienta más útil de mi vida, la capacidad de pensar. Los conocimientos memorizados van y vienen a lo largo de nuestra existencia, ya están en los libros que otros escribieron, a nuestra disposición cuando queramos acudir a ellos. El pensamiento es mucho más potente, nos da la libertad.
Desde estas líneas quiero recordar a todos aquellos maestros y profesores que tanto me han enseñado a lo largo de estos casi 30 años. También mando mi apoyo más sentido y sincero hacia todos aquellos profesores, padres y alumnos que luchan por una educación digna y con futuro. Entre estos últimos están amigos y familiares muy queridos y cercanos con los que me solidarizo.