Sabido es que los medios de comunicación forman parte de empresas que, salvo excepciones que cotizan en bolsa, no dan dinero en exceso, pero sí poder y capacidad de influencia que ayuda en otros negociados, políticos o económicos. En este sentido muchos redactores no tienen más remedio que adaptarse a las directrices que marcan los jefes, cuando el puesto de trabajo está en juego uno no tiene muchas más opciones que la autocensura. Hay quienes comulgarán con la línea editorial, y hay quien sin hacerlo no tiene más remedio que claudicar porque con el pan no se juega, algo perfectamente comprensible y, por mi parte, nada censurable.
Como decíamos en un anterior post, la objetividad no existe por más que lo intentemos. El periodista está sometido a múltiples condicionantes por el mero hecho de ser humano, no solo nuestra ideología política nos da un prisma concreto sobre la vida, también nuestras experiencias vitales conforman una manera de ver la realidad de gran riqueza y apasionante peculiaridad si se sabe aprovechar.
Decir que la imparcialidad en los medios de comunicación no existe, no es descubrir la pólvora. El ejemplo más claro lo vimos con una de las noticias más esperadas de la Democracia, y que pasó casi de puntillas por culpa de los devastadores efectos de la crisis económica. Los titulares de los periódicos dejaban entrever una marcada perspectiva. La diferencia radicaba solo en unas pocas palabras, pero estas iban cargadas muchas veces de una segunda lectura. Por ejemplo, si atendemos a las ediciones digitales: ABC decía ETA anuncia el “cese definitivo” de su actividad, pero no se disuelve[i]. El País informaba: ETA pone fin a 43 años de terror[ii]. El Mundo escribía: ETA anuncia el cese definitivo de su “actividad armada”[iii]. El diario Público lo enfocaba de esta manera: ETA anuncia el fin del terrorismo[iv]
Un acontecimiento informativo mucho más reciente que ha vuelto a sacar a debate el papel de los medios de comunicación es la entrevista que el programa La Noria hizo la semana pasada a la madre de “El Cuco”, uno de los implicados en la desaparición de la joven sevillana Marta del Castillo[v]. Este caso aún está sin resolver completamente porque el cuerpo de la joven no ha aparecido, aunque se sabe que ha muerto, y precisamente se sospecha que los progenitores de “El Cuco” sí sabrían, a través de su hijo, dónde está la fallecida. Sin embargo, los padres niegan tener conocimiento de cualquier circunstancia al respecto y defienden la inocencia de su hijo pese a las pruebas constatadas por la justicia, y la consecuente indignación de gran parte de la sociedad.
La crítica de otros medios de comunicación y la recogida a través de Facebook de cerca de 19.000 firmas en apenas unas horas en contra de La Noria provocó que siete grandes patrocinadores hicieran público en un comunicado que retiraban sus anuncios del programa. Más tarde se unieron L´Oreal y Vodafone[vi]. En el siguiente programa, el de anoche, el presentador realizó una especie de alegato para defenderse de lo que, a juicio de su equipo, habían sido unas críticas despiadadas e injustas hacia su trabajo, que solo buscaba la objetividad y el contraste de todas las versiones de una misma noticia. Sin embargo, si Jordi González pretendía hacer algo parecido a pedir disculpas por miedo a seguir perdiendo publicidad[vii], más bien le salió un discurso cínico que escondía detrás el pago, supuestamente, de 10.000 euros a la madre de “El Cuco” y la aceptación por parte del programa de una serie de condiciones negociadas con las que se pretendía que la entrevista fuera más “cómoda” a cambio de haberle sido concedida a Telecinco y no a otra cadena. Este último episodio con la cadena no fue más que la gota que colmó el vaso de una forma de hacer televisión que parece agotarse, aunque el descenso de espectadores es, de momento, casi imperceptible.
Para poder abordar una información en todas sus dimensiones no basta con dar y escuchar atentamente sus múltiples versiones, la clave está en ejercer con más honestidad que objetividad. En ese camino hacia el periodismo interpretativo haber estado “en el otro lado” de la noticia nos permite conocer de una manera más profunda y certera la realidad que pretendemos contar y analizar, también nos hace saber dónde están los límites que no se pueden sobrepasar en pos de una mal entendida libertad de expresión.
Cuando la información se deshumaniza, se empobrece. Cuando el morbo envuelve la noticia, la verdad se resiente.
[i] http://www.abc.es/20111020/espana/abci-eta-anuncia-cese-definitivo-actividad-armada-201110201903.html
[ii] http://politica.elpais.com/politica/2011/10/19/actualidad/1319056094_153776.html
[iii] http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/19/espana/1319034890.html
[iv] http://www.abc.es/20111020/espana/abci-eta-anuncia-cese-definitivo-actividad-armada-201110201903.html
[v] http://www.abcdesevilla.es/informacion/sevilla/monograficos/desaparecida/html/index.html
[vi] http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/06/television/1320534719.html
[vii] http://www.marketingdirecto.com/actualidad/anunciantes/campofrio-la-retirada-de-la-noria-no-afectara-a-nuestros-ingresos-publicitarios/
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