domingo, 22 de enero de 2012

ATC, cuestión de prioridades

Si hacemos una encuesta y preguntamos a las gentes que pueblan la comarca de Villar de Cañas (Cuenca)[i] si están dispuestas a recibir seis millones de euros, dudo que haya alguien que se niegue. Sin embargo, si apostillamos que es a cambio de alojar en su término municipal, o muy próximo a él, o de hacer pasar por sus carreteras, residuos nucleares…ahí empieza la falta de consenso.

Viendo los argumentos a favor y en contra de una opción u otra, creo que el asunto ha pasado a convertirse en muchos de los casos en un elemento más de división política de las viejas dos Españas, que en plena crisis vuelve con más fuerza que nunca. Si hay algo con lo que nunca estaré de acuerdo es con que alguien me diga que no quiero a mi tierra por estar a favor o en contra de la instalación del Almacén Temporal Centralizado de Residuos nucleares (ATC). Si partimos de esa equivocada base, nunca se podrá dar un debate real ni productivo.

Vivo en Tarancón (Cuenca), a 56 kilómetros del municipio de Villar de Cañas[ii], en el que el Gobierno de España anunció su intención de instalar el ATC. Esta ubicación me resulta aún más próxima “afectivamente” porque a 9,2 kilómetros de la citada población de la discordia se encuentra la localidad de Villares del Saz (Cuenca), en la que reside gran parte de mi familia, con todo lo que eso conlleva para mí. La zona está muy despoblada y envejecida, el éxodo comenzó, como en muchos núcleos rurales, en torno a los años ´60, en busca de trabajo y mejor fortuna hacia el Sur de Madrid y los alrededores de Valencia. 

Aquellos que están a favor del ATC dicen que son unas instalaciones absolutamente seguras, sin riesgos, que activarán económicamente la zona, la llenarán de habitantes, dinero y trabajo. Visto así, no parece una mala idea.

Sin embargo, a mí no me termina de convencer, por una cuestión de cálculo del riesgo y su compensación que realizo de una forma poco científica pero sí razonable y con el firme propósito de apelar al sentido común. 

La técnica y el hombre no son infalibles. Con respecto al almacenaje de residuos radiactivos, puede que no ocurra ningún problema en los cerca de 60 años de vida de las instalaciones (se calcula que no podrían estar operativas más de 300 años). O puede que suceda a corto, a medio o a largo plazo. Pero sí es seguro es que un fallo tendrá consecuencias devastadoras, a las que se suman el largo periodo en el que siguen activos los efectos radiactivos, durante varios siglos e incluso miles de años[iii]. Y entonces no habrá cantidad de dinero que compense los daños. Un mínimo escape automáticamente puede derivar en la evacuación de la población en varios kilómetros a la redonda, por ejemplificar tan solo una de las medidas que se llevarían a cabo. Basta recordar situaciones cercanas en el tiempo para poder hacernos una idea sobre las implicaciones de la energía nuclear, como el caso de la central de Fukushima (Japón) por un terremoto en una isla acostumbrada a los seísmos que construye sus edificios e instalaciones teniendo en cuenta la posibilidad más que certera de que sucedan estos fenómenos naturales, que por mucho que los calculemos siempre se reservan la capacidad de seguir sorprendiéndonos.[iv]

Además, ser “zona nuclear” puede chocar frontalmente con la imagen de nuestros productos agrícolas, con esos alimentos tan tradicionales que a tantos visitantes atraen. Y no solo eso, podría acabarse la “Paz del guerrero” que encontramos locales y foráneos en municipios en los que la naturaleza es parte indispensable de su esencia.

Bajo mi punto de vista, el cementerio nuclear puede ser “Pan para hoy y hambre para mañana”, por el tipo y la cantidad de empleos que está previsto generar, como he escuchado decir públicamente a algunos representantes sociales que están en contra. Creo que el futuro real de la zona pasa por la generación de empleos relacionados con el turismo rural, nuestra riqueza agropecuaria, la atención sociosanitaria, la hostelería, el cambio del sistema productivo nacional... y no por albergar en las entrañas de nuestra tierra veneno radioactivo.



[i] http://eldiadigital.es/not/43277/un_centenar_de_personas_asistio_ayer_a_la_charla_sobre_los_riesgos_del_atc/
[ii] http://www.viamichelin.es/web/Itinerarios
[iv] http://www.elpais.com/articulo/internacional/Fukushima/vive/peor/accidente/nuclear/Chernobil/elpepuint/20110312elpepuint_2/Tes