jueves, 28 de febrero de 2013

El brazalete de Corinna



Corinna zu Sayn-Wittgenstein es la “amiga entrañable” del Rey Juan Carlos de Borbón, princesa consorte divorciada que aseguró haber ayudado al Gobierno de España a conseguir importantes contratos para empresas españolas en el extranjero, también echó una mano, revela ella misma, para resolver asuntos de materia reservada y sensible. 

Su nombre alcanzó relumbrón cuando se filtró que acompañaba al monarca en su famosa cacería de elefantes en Botswana, a partir de ahí surgieron informaciones de todo tipo sobre la relación que podría haber entre una y otro.  Esta mujer rubia, como se describe a sí misma, asegura que se ha visto obligada a conceder varias entrevistas en medios prestigiosos de información general y del colorín tras aparecer su nombre entre la maraña de correos que el socio de Urdangarín ha dado al juez para implicar a la Casa Real en la trama del Instituto Noós. Corinna quiere defender su honor, sus negocios se están viendo perjudicados por la fama que empieza a precederle, y para ello ha escogido cuidados looks, los últimos (en las revistas “Hola” y “París Match”) estaban milimétricamente preparados, vestía de negro, con el pelo recogido y las muñecas al aire, una de ellas adornada por un brazalete de diamantes valorado según algunos expertos en unos tres millones de euros. Además, porta un reloj de una marca, explican medios digitales, que es la preferida del Rey. ¿Mensaje subliminal?

Con su gota Corinna no ha hecho más que colmar el vaso de la paciencia de quienes creen que la monarquía es una institución en vías de extinción, al menos en su forma actual. Pero, ¿estamos preparados para una abdicación?. Asombra a muchos ciudadanos que parte de la clase política esté cerrando filas junto al Rey ante una situación que es insostenible desde cualquier punto de vista razonable. Sin embargo, estas posturas quizás sí tengan una explicación coherente. La actual crisis económica ha producido una catarsis social cuyas consecuencias se están notando de manera sustanciosa, y que probablemente serán aún mayores a lo largo de los próximos meses, derivando hacia el nihilismo fundamentalmente político, es decir, hacia la negación de todos sus principios. Cada cambio tiene sus consecuencias y la figura de los príncipes de Asturias no está tan consolidada como para poder soportar la reapertura del debate sobre si es más conveniente una Monarquía parlamentaria como la actual o la instauración de la tercera república. 

A este argumento yo añadiría otro más, puramente técnico. Es probable que el juicio de Urdangarín se prolongue por un tiempo, de manera paralela su antiguo socio (también imputado junto a su mujer en la trama) va sacando correos que supuestamente certificarían que la actividad delictiva del marido de la Infanta Cristina estaba en conocimiento, y presuntamente consentimiento, de la Casa Real. Si ahora accedieran al trono Felipe y Letizia serían el blanco de todas las iras que estos hechos podrían causar en la ciudadanía, su figura acabaría quemándose al inicio de su reinado y poco podrían alegar para justificar la necesidad de su existencia. No tienen una Transición que les respalde, como ocurría con Juan Carlos, aunque sobre esta también habría mucho que decir. Es previsible que el Rey aguante todo el “chaparrón” mientras pueda para restar carga a su sucesor, él es casi octogenario y tiene su historia escrita (con una desagradable etapa final). La trayectoria de Felipe de Borbón aún está por escribir.