domingo, 17 de marzo de 2013

Francesco I, el Espíritu Santo y viceversa



Todo blog de opinión que se precie de estar actualizado debería incluir tres temas: el nuevo Papa, el Tesorero del PP Bárcenas y el PSOE de Ponferrada. Esta entrada va dedicada al primero, pues es lo más novedoso, de los restantes hablaremos en lo sucesivo, aún queda mucho por saber y hablar de los dos principales partidos.

Como ocurre con casi todo que de repente es noticia, intentamos etiquetarlo porque así creemos hacer el fenómeno más comprensible. El nuevo Papa no fue una excepción, más aún teniendo en cuenta que es el máximo dirigente de un pequeño Estado llamado Vaticano y de una religión, la católica, una de las más importantes del mundo. 

La elección del cardenal argentino Jorge Bergoglio fue una sorpresa para casi todo el mundo, casi tanto como la dimisión de su predecesor, al menos para aquellos especialistas que se aventuraron a pronosticar el nombre del nuevo Papa justo antes de que se conociera, ¡y eso pese a que el argentino quedó en segunda posición en 2005 cuando salió elegido Benedicto XVI!. Las quinielas apuntaban fundamentalmente a miembros de la curia italiana del entorno de Ratzinger, o a un cardenal brasileño debido a la importancia que estaban teniendo para la Iglesia los países americanos, principalmente latinos, frente a los europeos (donde la fe poco a poco se va diluyendo).

Los primeros datos que se conocieron de Bergoglio contaban que se trata de un jesuita con una vida consagrada a los demás, especialmente a los pobres, y destaca por su sencillez y cercanía al pueblo. Viaja en metro, vive en un pequeño apartamento, no tiene a nadie que le haga las tareas y visita con frecuencia las villas habitadas por personas enfermas y desfavorecidas. Incluso, algo poco habitual en los altos estamentos, en su discurso se incluye la palabra “Solidaridad”, normalmente sustituida por “Caridad”.[i] La primera hace referencia a una relación entre iguales, la segunda sitúa al benefactor por encima de los receptores de la ayuda, que no depende de la justicia ética sino de la compasión moral. 

Su primera aparición como pontífice ante el mundo lo confirmaba, al menos en apariencia, pues se despojó de los oropeles de la vestimenta papal tradicional, saludó a los presentes en la Plaza de San Pedro tímidamente, de su cuello colgaba una cruz de metal envejecido (en lugar de ser de oro) y aún sigue llevando sus viejos zapatos negros en lugar de escarpines rojos hechos a mano en la piel más fina que existe. Incluso hubo comentaristas que dijeron que el nuevo Papa era casi progresista por unas actitudes e ideas que en poco coinciden con las de aquellos que hasta ahora se han encargado de dirigir la burocracia de la Iglesia. Y aquí es donde surge la duda, pues los que han elegido a Francisco (la curia vaticana) podrían ser los más perjudicados con los nuevos preceptos, destacando por encima de todos la vida sin lujos y la consideración del Pueblo como el auténtico pilar de la Iglesia. 

Hasta ayer todo aquello que significara apertura, avance, cercanía a la realidad social… era un tabú para el sector más conservador de la Iglesia, predominante en Roma y en otros países europeos con raíces profundamente cristianas, como España. El progresismo era lo más parecido al “anticristo”. Sin embargo, con un Papa argentino ahora a todo ello se le da la vuelta; fieles, cardenales y periodistas celebran con júbilo la venida de Francesco I, como si nada de lo anterior existiera, como si tampoco hubiera mañana.

No podemos obviar los rasgos negativos que llegan también desde el país andino. Se ha dicho que Bergoglio miró hacia el otro lado durante la dictadura de Videla, que no está clara su ausencia de responsabilidad en el asesinato de dos sacerdotes jesuitas de su congregación durante aquellos años por parte del poder; que cree que las mujeres no están capacitadas para ejercer el gobierno; que está convencido de que no puede haber matrimonio entre personas del mismo sexo… 

De Francesco realmente poco se sabe, aunque sí se podría afirmar que ha sabido comprender cuáles son las necesidades actuales de una opinión pública que reclama líderes que, independientemente de que sean honestos y cercanos, al menos lo parezcan. 

El Papa ya tiene fervientes seguidores, incluso entre quienes no practican la religión católica, a pocos días de ser elegido. Si son ciertas todas las bondades que se dicen de él, podríamos concluir que ha sido lo suficientemente inteligente para saber estar en dos posiciones muchas veces contrapuestas, con los de arriba y con los de abajo, en un equilibrio necesario del que es difícil salir indemne. 

Por los argumentos anteriormente referidos me inclino a pensar, esta vez sí, que el Papa ha sido verdaderamente elegido por el Espíritu Santo, que ha tenido mucho tino a tenor de los datos estadísticos de la Agencia Fides[ii]: de los más de 6.800 millones de personas que hay en el mundo, casi 1.200 millones son católicas, aumentando el porcentaje en todos los continentes salvo en uno, la vieja Europa, donde ha disminuido (-0´01%). Donde más se ha incrementado la proporción de fieles de esta religión es en África (+0,21%), seguida precisamente de América (+0,07). Quizás sea cierto eso de que el Vaticano aún no está preparado para un Papa negro, y no podemos recriminárselo, teniendo en cuenta que la Iglesia es una férrea jerarquía y que una de las democracias supuestamente más avanzadas (la estadounidense) tuvo que esperar hasta el 2008 para la llegada de Obama.


[i] http://www.abc.es/sociedad/20130316/abci-ultima-entrevista-papa-201303161830.html
[ii] http://www.fides.org/es/stats/34300-last