Todo
blog de opinión que se precie de estar actualizado debería incluir tres temas:
el nuevo Papa, el Tesorero del PP Bárcenas y el PSOE de Ponferrada. Esta
entrada va dedicada al primero, pues es lo más novedoso, de los restantes
hablaremos en lo sucesivo, aún queda mucho por saber y hablar de los dos principales
partidos.
Como
ocurre con casi todo que de repente es noticia, intentamos etiquetarlo porque
así creemos hacer el fenómeno más comprensible. El nuevo Papa no fue una
excepción, más aún teniendo en cuenta que es el máximo dirigente de un pequeño
Estado llamado Vaticano y de una religión, la católica, una de las más
importantes del mundo.
La
elección del cardenal argentino Jorge Bergoglio fue una sorpresa para casi todo
el mundo, casi tanto como la dimisión de su predecesor, al menos para aquellos especialistas
que se aventuraron a pronosticar el nombre del nuevo Papa justo antes de que se
conociera, ¡y eso pese a que el argentino quedó en segunda posición en 2005
cuando salió elegido Benedicto XVI!. Las quinielas apuntaban fundamentalmente a
miembros de la curia italiana del entorno de Ratzinger, o a un cardenal
brasileño debido a la importancia que estaban teniendo para la Iglesia los
países americanos, principalmente latinos, frente a los europeos (donde la fe poco
a poco se va diluyendo).
Los
primeros datos que se conocieron de Bergoglio contaban que se trata de un
jesuita con una vida consagrada a los demás, especialmente a los pobres, y
destaca por su sencillez y cercanía al pueblo. Viaja en metro, vive en un
pequeño apartamento, no tiene a nadie que le haga las tareas y visita con
frecuencia las villas habitadas por personas enfermas y desfavorecidas. Incluso,
algo poco habitual en los altos estamentos, en su discurso se incluye la
palabra “Solidaridad”, normalmente sustituida por “Caridad”.[i] La
primera hace referencia a una relación entre iguales, la segunda sitúa al
benefactor por encima de los receptores de la ayuda, que no depende de la
justicia ética sino de la compasión moral.
Su
primera aparición como pontífice ante el mundo lo confirmaba, al menos en
apariencia, pues se despojó de los oropeles de la vestimenta papal tradicional,
saludó a los presentes en la Plaza de San Pedro tímidamente, de su cuello
colgaba una cruz de metal envejecido (en lugar de ser de oro) y aún sigue
llevando sus viejos zapatos negros en lugar de escarpines rojos hechos a mano
en la piel más fina que existe. Incluso hubo comentaristas que dijeron que el
nuevo Papa era casi progresista por unas actitudes e ideas que en poco
coinciden con las de aquellos que hasta ahora se han encargado de dirigir la burocracia
de la Iglesia. Y aquí es donde surge la duda, pues los que han elegido a
Francisco (la curia vaticana) podrían ser los más perjudicados con los nuevos
preceptos, destacando por encima de todos la vida sin lujos y la consideración
del Pueblo como el auténtico pilar de la Iglesia.
Hasta
ayer todo aquello que significara apertura, avance, cercanía a la realidad
social… era un tabú para el sector más conservador de la Iglesia, predominante
en Roma y en otros países europeos con raíces profundamente cristianas, como España.
El progresismo era lo más parecido al “anticristo”. Sin embargo, con un Papa
argentino ahora a todo ello se le da la vuelta; fieles, cardenales y
periodistas celebran con júbilo la venida de Francesco I, como si nada de lo
anterior existiera, como si tampoco hubiera mañana.
No
podemos obviar los rasgos negativos que llegan también desde el país andino. Se
ha dicho que Bergoglio miró hacia el otro lado durante la dictadura de Videla,
que no está clara su ausencia de responsabilidad en el asesinato de dos
sacerdotes jesuitas de su congregación durante aquellos años por parte del
poder; que cree que las mujeres no están capacitadas para ejercer el gobierno;
que está convencido de que no puede haber matrimonio entre personas del mismo
sexo…
De
Francesco realmente poco se sabe, aunque sí se podría afirmar que ha sabido
comprender cuáles son las necesidades actuales de una opinión pública que
reclama líderes que, independientemente de que sean honestos y cercanos, al
menos lo parezcan.
El
Papa ya tiene fervientes seguidores, incluso entre quienes no practican la
religión católica, a pocos días de ser elegido. Si son ciertas todas las
bondades que se dicen de él, podríamos concluir que ha sido lo suficientemente
inteligente para saber estar en dos posiciones muchas veces contrapuestas, con
los de arriba y con los de abajo, en un equilibrio necesario del que es difícil
salir indemne.
Por
los argumentos anteriormente referidos me inclino a pensar, esta vez sí, que el
Papa ha sido verdaderamente elegido por el Espíritu Santo, que ha tenido mucho
tino a tenor de los datos estadísticos de la Agencia Fides[ii]:
de los más de 6.800 millones de personas que hay en el mundo, casi 1.200
millones son católicas, aumentando el porcentaje en todos los continentes salvo
en uno, la vieja Europa, donde ha disminuido (-0´01%). Donde más se ha
incrementado la proporción de fieles de esta religión es en África (+0,21%),
seguida precisamente de América (+0,07). Quizás sea cierto eso de que el
Vaticano aún no está preparado para un Papa negro, y no podemos recriminárselo,
teniendo en cuenta que la Iglesia es una férrea jerarquía y que una de las
democracias supuestamente más avanzadas (la estadounidense) tuvo que esperar
hasta el 2008 para la llegada de Obama.