domingo, 28 de abril de 2013

“Se nos ha ido de las manos”



El mundo en general, y España en particular, nos ha quedado grande a los humanos. El desarrollo de la economía, la sociedad, la cultura, el Estado, la política, el comercio internacional, el Bienestar de nuestro país y el de los otros, las guerras propias y ajenas… todo ello se nos ha ido de las manos, nos ha superado con creces y ahora no sabemos cómo ponerlo bajo control.

En el fondo el hombre es muy pequeño, aunque ya los griegos pensaran lo contrario y se lanzaran a la conquista de otras tierras y otras gentes. También su civilización cayó dividida, en este caso a manos de los romanos.

Fruto de esta desmedida ambición es la crisis económica actual, probablemente la más grave de los últimos siglos porque en esta ocasión se nos han agotado hasta las ideas. Tras la destrucción de las dos guerras mundiales la economía se reactivó gracias al incremento de la productividad en las fábricas de la vieja Europa, pero varias décadas después la división del trabajo en el mundo y el flujo desmedido de capitales sin frenos ni fronteras nos ha dejado con pocas opciones para reconstruir este continente, cuya parte sur está siendo especialmente castigada. De hecho, cuenta Boaventura de Sousa Santos[i], en este período se genera mucha riqueza y poco empleo, localizado además en países en vías de desarrollo con unas condiciones laborales deplorables. Esto ha quedado al descubierto con el último accidente ocurrido esta semana en un edificio de talleres textiles en Bangladesh en el que han muerto cerca de 400 personas. Sus trabajadores hacían jornadas de 15 horas y cobraban no más de 30 euros al mes para que las empresas propietarias vendan prendas a coste muy bajo a las grandes firmas occidentales. Al menos uno de los dueños implicados en el desastre es español y está siendo buscado por las autoridades indias.[ii]
 
Sea cual fuere la división territorial que empleemos en nuestro análisis (municipio, provincia, comunidad, Estado, región internacional…), la sociedad avanza imparable hacia la polarización entre los que son muy ricos y los que apenas tienen para sobrevivir. Hemos “conseguido” hacer de la pobreza un mal endémico.

Este es el verdadero problema, el bosque que no nos dejan ver los árboles. Aunque cueste creerlo, que el PSOE tuviera en la Junta de Andalucía una trama corrupta sustentada en EREs fraudulentos, presuntamente conocida por la cúpula política; que en CIU el hijo de un expresidente de la Generalitat supuestamente cobrara comisiones a cambio de favorecer a empresarios para construir ITV y hacer otro tipo de negocios; que el PP se tenga a sí mismo y a Bárcenas; que nosotros tengamos al Rey, a Urdangarín, a Corina y al resto de la Corte; y que IU y otros partidos políticos tengan miembros en Consejos de Administración de Cajas y empresas públicas de las que se lo han “llevado crudo” por hacer muy poco, o nada,… son solo la anécdota, una gota en la inmensidad del océano.


[i] Boaventura de Sousa Santos, 2008 (2ª edición), Reinventar La democracia. Madrid, Ediciones Sequitur.
[ii] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/28/actualidad/1367158637_188371.html

martes, 9 de abril de 2013

Escrache a tu conciencia



No es difícil adivinar lo desagradable que resulta que alguien vaya tranquilo por la calle y de repente un grupo de personas le increpe gritando consignas sobre su mala gestión. Pero en este caso el objetivo de las protestas no son ciudadanos iguales al resto, sino cargos públicos y políticos que se dedican a gestionar los asuntos comunes con una demostrada ineficacia.

Hay muchos comentaristas y opinadores que han señalado ya que el “escrache” también lo viven aquellos sectores de la población hostigados por los bancos y que están a punto de ser desahuciados por el impago de sus hipotecas. Pero también son acosados quienes por falta de trabajo no pueden pagar la luz, el gas o el agua, ni tan siquiera alimentos básicos para él y sus familias. En este caso es la pobreza la que llama a la puerta y sobre esto pocas voces discordantes han surgido entre los diputados que ahora al verse perseguidos por las calles han llevado esta práctica a los juzgados.

Estamos ante un desastre económico sin precedentes, dicen los expertos, por su duración y profundidad. Pero más grave aún si cabe es la crisis social que se ha instalado especialmente en los países del Sur de Europa, teniendo en España tintes verdaderamente particulares, mal que nos pese. Si en la cuestión financiera nuestro crecimiento basado en la especulación con el ladrillo ha aumentado el declive de la economía; la corrupción y el caciquismo en determinados sectores de la política, la monarquía y la judicatura han acabado minando la confianza en las instituciones por parte de los ciudadanos. Llegados a estas circunstancias es necesario mirar hacia atrás en el tiempo unas cuantas décadas.

Nuestro país vivió un punto y seguido, que no “aparte”, en su historia con la Transición democrática que se dio, aproximadamente, a partir de 1975 y puso fin a 40 años de dictadura. En aquel cambio fue importante el papel de las élites (Suárez, Carrillo, el general Gutiérrez Mellado e incluso el Rey), pero el empuje fundamental lo dio la sociedad echándose a las calles con protestas laborales y sociales impensables unos años antes por la represión a la que se había sometido al país. Los ciudadanos querían un cambio y los recientemente legalizados partidos políticos (o en vías de ello) supieron aprovechar y liderar ese impulso ante un temeroso régimen dictatorial que en sus últimos estertores aún imponía la muerte en garrote vil como castigo ejemplarizante a quienes osaran desafiar el orden establecido. Por aquellas fechas lel franquismo estaba tan moribundo como su creador.

Somos muchos quienes nos sorprendemos de que la tensión social acumulada en España, acuciada por la pobreza que ya alcanza al 21%[i] de la población (cerca de 1,9 millones de hogares tienen a todos sus miembros en el paro)[ii], no haya reventado como una olla exprés sin vía de escape. 

Es probable que el colchón familiar (las pensiones de padres y abuelos), así como la economía sumergida (que forma parte de nuestro ADN desde hace años) estén reteniendo una protesta que en el momento en el que fluya será imparable. Desde que la crisis económica arreció ha habido numerosas y masivas movilizaciones sociales en las calles de muchas ciudades y municipios españoles por cuestiones tan básicas como la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales y la Dependencia. Es probable que las “protestas del hambre” no sean tan pacíficas llegado el momento. Son escasas las demandas ciudadanas que han sido escuchadas por la clase dirigente, por lo que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha decidido hacer escraches directamente a las conciencias de los políticos, intentando darles un golpe pacífico (aunque desgraciadamente en esto también se han producido excesos) a sus conciencias para que se enteren de la verdadera realidad, que sus acciones repercuten en el día a día de la población perjudicando principalmente a los más débiles. El hecho de que haya ciudadanos que griten a políticos por la calle, o que interrumpan plenos para protestar contra la escandalosa estafa de las preferentes (como está ocurriendo en Galicia, principalmente) es solo una señal que alguien debería saber leer, no solo reprimir con la intervención de los fiscales[iii]. Además, como sucediera a mediados de los ´70, los vecinos portugueses están viviendo una situación económica y social similar a la nuestra, aunque su presidente va unos pasos más adelantado en relación a la ejecución de las órdenes de la “Troika”, con el consiguiente recorte del gasto público. El Tribunal Constitucional luso ha dicho que es anticonstitucional suprimir las pagas extra a funcionarios y jubilados, así como reducir las prestaciones sociales.  

Saltan chispas de los pedernales que constantemente chocan los gobiernos español y portugués, respectivamente, con la Unión Europea (bajo las órdenes de Merkel). Que se prenda la mecha es solo cuestión de tiempo, que al final no se produzca el fuego depende de la voluntad política de gobernar realmente por los intereses de la ciudadanía y no de los bancos europeos, sobre todo alemanes, a los que tanto dinero les debemos. 

El gasto actualmente insostenible que resulta del sistema de pensiones y del resto de pilares del Estado de Bienestar (Sanidad, Educación, Servicios Sociales y Dependencia) se consigue con una gestión más eficiente y la eliminación de lo superfluo. Pero también es indispensable aumentar los ingresos a través del control de la evasión fiscal de aquellos que concentran la mayor parte del dinero en España. Sin embargo, sucede todo lo contrario, se incrementan los impuestos sobre el consumo y la renta del trabajo, es decir, sobre aquellos factores que están acabando con las clases medias en España. La riqueza se polariza enormemente, se abre una brecha entre los que tienen mucho y los que poseen casi nada. En consecuencia, crece una nada despreciable tensión social soterrada que no tardará en explotar.



[i] http://www.ine.es/prensa/ecv_prensa.htm
[ii] http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/24/economia/1359015196.html
[iii] http://politica.elpais.com/politica/2013/04/08/actualidad/1365450452_930115.html