martes, 9 de abril de 2013

Escrache a tu conciencia



No es difícil adivinar lo desagradable que resulta que alguien vaya tranquilo por la calle y de repente un grupo de personas le increpe gritando consignas sobre su mala gestión. Pero en este caso el objetivo de las protestas no son ciudadanos iguales al resto, sino cargos públicos y políticos que se dedican a gestionar los asuntos comunes con una demostrada ineficacia.

Hay muchos comentaristas y opinadores que han señalado ya que el “escrache” también lo viven aquellos sectores de la población hostigados por los bancos y que están a punto de ser desahuciados por el impago de sus hipotecas. Pero también son acosados quienes por falta de trabajo no pueden pagar la luz, el gas o el agua, ni tan siquiera alimentos básicos para él y sus familias. En este caso es la pobreza la que llama a la puerta y sobre esto pocas voces discordantes han surgido entre los diputados que ahora al verse perseguidos por las calles han llevado esta práctica a los juzgados.

Estamos ante un desastre económico sin precedentes, dicen los expertos, por su duración y profundidad. Pero más grave aún si cabe es la crisis social que se ha instalado especialmente en los países del Sur de Europa, teniendo en España tintes verdaderamente particulares, mal que nos pese. Si en la cuestión financiera nuestro crecimiento basado en la especulación con el ladrillo ha aumentado el declive de la economía; la corrupción y el caciquismo en determinados sectores de la política, la monarquía y la judicatura han acabado minando la confianza en las instituciones por parte de los ciudadanos. Llegados a estas circunstancias es necesario mirar hacia atrás en el tiempo unas cuantas décadas.

Nuestro país vivió un punto y seguido, que no “aparte”, en su historia con la Transición democrática que se dio, aproximadamente, a partir de 1975 y puso fin a 40 años de dictadura. En aquel cambio fue importante el papel de las élites (Suárez, Carrillo, el general Gutiérrez Mellado e incluso el Rey), pero el empuje fundamental lo dio la sociedad echándose a las calles con protestas laborales y sociales impensables unos años antes por la represión a la que se había sometido al país. Los ciudadanos querían un cambio y los recientemente legalizados partidos políticos (o en vías de ello) supieron aprovechar y liderar ese impulso ante un temeroso régimen dictatorial que en sus últimos estertores aún imponía la muerte en garrote vil como castigo ejemplarizante a quienes osaran desafiar el orden establecido. Por aquellas fechas lel franquismo estaba tan moribundo como su creador.

Somos muchos quienes nos sorprendemos de que la tensión social acumulada en España, acuciada por la pobreza que ya alcanza al 21%[i] de la población (cerca de 1,9 millones de hogares tienen a todos sus miembros en el paro)[ii], no haya reventado como una olla exprés sin vía de escape. 

Es probable que el colchón familiar (las pensiones de padres y abuelos), así como la economía sumergida (que forma parte de nuestro ADN desde hace años) estén reteniendo una protesta que en el momento en el que fluya será imparable. Desde que la crisis económica arreció ha habido numerosas y masivas movilizaciones sociales en las calles de muchas ciudades y municipios españoles por cuestiones tan básicas como la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales y la Dependencia. Es probable que las “protestas del hambre” no sean tan pacíficas llegado el momento. Son escasas las demandas ciudadanas que han sido escuchadas por la clase dirigente, por lo que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha decidido hacer escraches directamente a las conciencias de los políticos, intentando darles un golpe pacífico (aunque desgraciadamente en esto también se han producido excesos) a sus conciencias para que se enteren de la verdadera realidad, que sus acciones repercuten en el día a día de la población perjudicando principalmente a los más débiles. El hecho de que haya ciudadanos que griten a políticos por la calle, o que interrumpan plenos para protestar contra la escandalosa estafa de las preferentes (como está ocurriendo en Galicia, principalmente) es solo una señal que alguien debería saber leer, no solo reprimir con la intervención de los fiscales[iii]. Además, como sucediera a mediados de los ´70, los vecinos portugueses están viviendo una situación económica y social similar a la nuestra, aunque su presidente va unos pasos más adelantado en relación a la ejecución de las órdenes de la “Troika”, con el consiguiente recorte del gasto público. El Tribunal Constitucional luso ha dicho que es anticonstitucional suprimir las pagas extra a funcionarios y jubilados, así como reducir las prestaciones sociales.  

Saltan chispas de los pedernales que constantemente chocan los gobiernos español y portugués, respectivamente, con la Unión Europea (bajo las órdenes de Merkel). Que se prenda la mecha es solo cuestión de tiempo, que al final no se produzca el fuego depende de la voluntad política de gobernar realmente por los intereses de la ciudadanía y no de los bancos europeos, sobre todo alemanes, a los que tanto dinero les debemos. 

El gasto actualmente insostenible que resulta del sistema de pensiones y del resto de pilares del Estado de Bienestar (Sanidad, Educación, Servicios Sociales y Dependencia) se consigue con una gestión más eficiente y la eliminación de lo superfluo. Pero también es indispensable aumentar los ingresos a través del control de la evasión fiscal de aquellos que concentran la mayor parte del dinero en España. Sin embargo, sucede todo lo contrario, se incrementan los impuestos sobre el consumo y la renta del trabajo, es decir, sobre aquellos factores que están acabando con las clases medias en España. La riqueza se polariza enormemente, se abre una brecha entre los que tienen mucho y los que poseen casi nada. En consecuencia, crece una nada despreciable tensión social soterrada que no tardará en explotar.



[i] http://www.ine.es/prensa/ecv_prensa.htm
[ii] http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/24/economia/1359015196.html
[iii] http://politica.elpais.com/politica/2013/04/08/actualidad/1365450452_930115.html

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