domingo, 6 de octubre de 2013

El esfuerzo está sobrevalorado



Hace tiempo que no escribo, la verdad es que desde la última vez que colgué un post en el blog han pasado muchas cosas en mi vida. Si  mantuviera los mismos resortes mentales que hace dos años os diría que lo más importante ha sido encontrar trabajo después de andar por la travesía del desierto del desempleo durante 24 meses. Pero esta experiencia es la que ha cambiado de manera radical la forma en la que me enfrento a la vida, a los problemas, a las relaciones interpersonales, a los conflictos, e incluso a las alegrías.

He pasado mucho tiempo pidiendo, a quien me quisiera escuchar, una oportunidad para demostrar que sé hacer bien mi trabajo, que tengo formación suficiente, que me gusta mi profesión, que me preocupo por desempeñarla cada día mejor… por todo ello es precisamente por lo que no nos vamos a quejar ahora de lo mal que está el ámbito laboral, se trabaja muy poco y se cobra mucho, ¿o era al revés?.

He sacado tantas conclusiones desde que pasé a ser una más de la cola del paro que probablemente aburriría al respetable si disertara sobre todas ellas. Al igual que ocurre con la economía y sus crisis, la vida también está compuesta por ciclos. Hay compañeros que antaño trabajaban y ahora se han visto obligados a dejar de hacerlo, leo con pesar su desesperación en las redes sociales, la misma que tuve yo en su momento. Si sirviera de algo mi experiencia, que no mi consejo, aquí va parte de ella a modo de reflexiones.

En primer lugar, he aprendido a decir sin ruborizarme que el esfuerzo está sobrevalorado. Desde que éramos pequeños nos han inculcado tanto en casa como en el colegio el concepto cristiano del sacrificio, la idea liberal de que las cosas son para el que se las trabaja, los privilegios son para quienes los merecen. Por eso cuando no conseguimos lo que nos proponemos, e incluso perdemos lo que tenemos, nos culpamos a nosotros mismos sin analizar nada de lo que nos rodea. Pero llega la vida real y su bofetada es tan fuerte que tumba de un plumazo los cimientos de ese edificio en el que nos habíamos convertido cuando llegamos a la edad adulta. De repente todo son grietas, dudas e incluso reproches. 

El esfuerzo que se pone en un trabajo no es garantía de permanencia en el mismo, ni siquiera de ascenso o mejora. En estos tiempos la carrera profesional, hablando en términos generales, ya no es ascendente, a veces uno debe ser consciente de que la suerte es seguir, aunque sea en el mismo lugar. La crisis  y todas sus consecuencias están haciendo que las generaciones presentes estemos viviendo con iguales o mayores dificultades que quienes nos precedieron hace treinta o cuarenta años. ¡Quién nos lo iba a decir!.

En todo este tiempo me he dado cuenta de que el esfuerzo no es garantía de éxito, pero sí permite aprender y estar preparado para cuando llegue ese momento justo en el que tú también estás en el lugar adecuado, una conjunción de factores a la que muchas veces llamamos suerte. 

No nos engañemos, ni mucho menos padezcamos, pensando que nuestro futuro laboral depende mayoritariamente de nuestra actitud, tesón, transigencia con las órdenes de los superiores o tolerancia con las opiniones de los compañeros. Hay tantas circunstancias que influyen en la marcha de una empresa que hacer predicciones sobre cómo nos irá en ella se convierte en una tarea casi imposible si nos centramos solo en las cuestiones profesionales. Pero si nos dedicamos a cultivar las relaciones personales y los “peloterismos” varios… ahí quizás ya no sea tan complicado adivinar el futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario